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Día 2


El segundo día de Elina en la comarca le propusimos realizar una pieza textil de fieltro, un ejercicio que solemos hacer cuando recibimos personas en nuestra casa-taller, una forma de ritual que nos permite experimentar muchas ideas que están circulando en nuestra laburo. Trabajar con lana cruda no es una tarea asociada de manera directa con nuestra indagación de LCC, aunque el fieltro es un procedimiento de construcción que trasciende a un proyecto específico, es una forma de pensar las conexiones, agenciamientos e influencias en la que nos implicamos. Compartir con Elina esta experiencia es hacerla forma parte de esta cadena de anudamientos, un territorio común para mirar alrededor los cerros que rodean este valle, una materialidad tan cercana a la piel, a los primeros abrigos y refugios que condensa nuestra pregunta por la vida más allá del supuesto colapso inminente.


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El domingo la lluvia aflojó un poco y realizamos otra salida, esta vez fuimos a visitar a otros de los ríos que conforman la cuenca, un sitio de confluencias territoriales, simbólicas y cromáticas. El primer día nuestro recorrido fue hacia la margen este de la cuenca, mientras el segundo día nos dirigimos hacia el oeste, caminamos sobre las márgenes del río blanco y azul en la localidad de Lago Puelo, y más tarde visitamos el Parque Nacional. Los contratantes entre los lugares visitados eran evidentes, los incendios de los últimos años no han llegado a esta zona de la cordillera, el río azul en este tramo está rodeado de un bosque mixto y se avisaron algunas especies de la transición hacia la selva valdiviana hacia el oeste.

Una vez más, ingresar a estos territorios implica atravesar un río por medio de una pasarela, mantenerse suspendidos para ver a los ríos correr hacia el lago Puelo. Vamos a un lugar muy especial para nosotres, a la comunidad Motoco Cárdenas, una lof clave en la historia reciente de nuestros pueblos, un sitio que no es ajeno a las conflictividades de nuestro tiempo. Caminamos por un sendero que atraviesa algunos puestos de artesanías y comida que reciben a turistas en el verano y luego nos dirigimos hacia el Mirador del Blanco, una vez más el agua se abre camino por un cañadón en la montaña. En los últimos años se ha puesto en discusión la denominación del Río Blanco, en su lugar se propone el de Motoco apelando la relación con los pueblos ancestrales que habitan estos valles y montañas antes de los estados nacionales. Las maneras de nombrar y habitar estos territorios están en constante movimiento, las heridas coloniales siguen abiertas y cada oportunidad para pensar procesos de revisión de la violencia estatal son necesarias.


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Hay algo extraño en términos de orientaciones y direcciones, hay una cierta circularidad de las aguas, el río Motoco baja desde la cordillera hacia el río Azul para luego volver hacia las montañas y terminar en el océano pacifico. Estos ríos de montaña no existirían sin la humedad del pacifico, ciclones y anticiclones configuran condiciones atmosféricas, grandes ritmos de las aguas que generan las condiciones para estos ecosistemas. Pensamos en nuestro proyecto para LCC, las fuerzas del pacifico, su presencia en las aguas que bajan en estos ríos, el regreso de la cuenca del puelo hacia el oeste.

Luego de subir al mirador bajamos a la costa del Motoco, Elina se recuesta sobre las piedras, ¿por qué será? ¿Qué intentará percibir? ¿Existirá alguna conexión entre su acción y esas impresiones pompeyanas de las pataguas? ¿Qué desplazamientos y sensaciones traslada de un río a otro? Nosotres sólo observamos, quedamos por fuera de esa acción que de algún modo nos invita. Por supuesto que la percibimos, pero quizás no llegamos a entender que nos está diciendo con esa invitación. La miramos mientras hacemos algunos registros, como quién busca alguna señal en ese cuerpo yaciente, sobre las rocas, una indicación sin guión. Su cuerpo copia las formas de las rocas de la costa, pensamos: no todo es comunicable en palabras, ella nos habló ese día por mañana de los lenguajes del cuerpo y el tipo de sensibilidad que circula en el hacer performático. Tenemos tanto para decirnos, pero el sonido del agua en el cañadón por donde baja el río hace dificultoso hablar. Tendremos que esperar para compartir algunas impresiones, atesorar y dejar sedimentar tanta data que nos invade.

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Esa tarde, con la última luz visitamos el Lago Puelo, fuimos a la costa más cercana al estacionamiento, un sitio muy habitado por el turismo y vecinos de la región. Una vez más compartimos impresiones de lo transitado, y revisamos los puntos cardinales, le señalamos hacia dónde desemboca en el lago el río Azul que acabamos de visitar y donde el Lago se conecta con el Río Puelo en la cordillera chilena.

Antes de volver a casa nos acercamos al muelle del parque, una construcción reciente que está colapsando por cuestiones no previstas en su construcción. Las bases de hierro del muelle están siendo comidas por bacterias que proliferaron de la variación térmica que supuso el remanso del pequeño puerto. Quizás sea algo para recuperar, allí donde las aguas pierden su ritmo, no circulan, no hay bases lo suficientemente fuertes y las estructuras humanas pueden caer. Hay otro elemento que nos interesa de esta situación, durante años la comunidad de la comarca vieron con preocupación el avance del muelle y los usos deportivos, turísticos y de transporte de las embarcaciones a motor, sin embargo, no fueron estas fuerzas las decisivas para frenar este proceso, sino una potencia invisible para nuestros registros las que socavaron el avance del “progreso”.


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