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Ensayando una atención nocturna convocada por las aguas


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Durante los días de convivencia fui reconociendo, en la manera en que Visitantes hace avanzar su investigación, una serie de asuntos que me convocaron intensamente. No aparecieron uno después de otro, ni como partes de un método que pudiera ordenarse de antemano. Más bien se fueron encontrando: una percepción abría una pregunta, una conversación desplazaba una atención, un material recogido volvía a aparecer más tarde bajo otra forma.

La pieza de fieltro que hicimos durante la estadía condensa, en una pequeña escala, una operación que atraviesa el modo en que Visitantes investiga. Las mechas se disponían unas sobre otras, se cruzaban, se enredaban. No había una forma completamente prevista. El trabajo consistía en ponerlas en relación, dejar que el agua, la presión y el movimiento hicieran lo suyo, hasta que algo comenzara a sostenerse. Una práctica que deja ver una lógica más amplia: la investigación como una trama que se compone poniendo en relación aquello que, al comienzo, todavía no sabemos cómo se relacionará.

Así fueron tomando forma los asuntos durante estos días: no ordenados de antemano, sino en el transcurso de los encuentros.

Entre las huellas del fuego, la pérdida y la persistencia aparecen juntas. El incendio transformó profundamente el bosque, pero la vida no espera a que la destrucción termine para volver a comenzar. Se reorganiza mientras el territorio todavía está cambiando: abre refugios, establece intercambios, encuentra resguardos y ensaya otras formas de persistencia.
Atender a esto requiere una confianza particular: permitir que el ambiente produzca preguntas nuevas, sin necesitar saber de antemano qué merece ser atendido. La investigación puede encontrar su dirección en aquello que sucede. La pregunta no precede completamente al encuentro: también puede aparecer como consecuencia de él.


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Confianza radical en la inmanencia.


Fuerzas suaves


Sedimentar